Berlin-Reichstag, by Marc Oliver-John by flickr

España se ha inspirado en Alemania para corregir su rumbo y ha logrado un superávit en el sector exterior de un 2% del PIB. Se trata de una cuestión fundamental, si se tiene en cuenta que, justo antes de la crisis, en 2007, el país había alcanzado un déficit del 10%, que era totalmente insostenible. Pero ese modelo alemán, que tanto gusta a algunos economistas catalanes, que se inclinan por el independentismo, –creen que Alemania no debe pagar al sur de Europa, como no lo debe hacer Cataluña respecto al sur de España—representa un peligro sustancial no ya para sus socios europeos, sino para el conjunto del mundo.

En este blog se ha incidido en esa idea de forma constante. Es difícil pertenecer a un club en el que uno de sus miembros tiene una relación completamente asimétrica con el resto. Para la zona euro, Alemania es un problema en estos momentos, aunque se hayan encauzado los principales problemas, con una incipiente, pero clara Unión Bancaria. Pero lo es para todo el sistema mundial.

Los países que se han reunido en el G-20 en Hamburgo han discutido en los últimos meses sobre las trabas que se tratan de imponer al libre comercio. Es Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, el más activo para restringir esas relaciones comerciales, convencido de que algún tipo de proteccionismo deberá imperar para conservar los puestos de trabajo de la economía manufacturada norteamericana.

El semanario The Economist acaba de establecer su doctrina, de nuevo, con dos claros mensajes: Trump se equivoca, Merkel tiene razón al apostar por un libre comercio como garante también de los valores democráticos, pero Alemania debería hacer un esfuerzo por invertir y gastar, porque su exceso de ahorro supone que otros deben endeudarse sin reparos.

Es decir, The Economist le acaba de decir a Merkel que no puede abogar por la libertad de las relaciones comerciales, cuando Alemania está dedicada en cuerpo y alma a las exportaciones, de una forma tan radical que ha logrado tener el superávit comercial más alto del mundo, con 300.000 millones dólares en 2016, por encima de los 200.000 millones de… China.

Es una auténtica asimetría. Se trata del 8% del PIB de Alemania. No es un ahorro de las personas, preocupadas por su jubilación. Es un ahorro de las empresas y del gobierno, de forma enfermiza, una práctica interiorizada, una especie de instinto, como explica The Economist.

Nadie gasta en Alemania

Alemania, además, no está sola. Le siguen los nórdicos, como Suecia, Suiza, Dinamarca o los Países Bajos. Es la economía mundial la que está descompensada. Son las grietas del sistema, como lo explicaba Raghuram Rajan en su libro del mismo título. Y es lo que molesta a Trump, aunque lo explique mal y proponga políticas equivocadas. “La creencia de Trump de que los aranceles nivelarán el campo de juego es ingenua y peligrosa: reducirán la prosperidad para todos, pero ha comprendido una verdad incómoda. Él ha advertido a Alemania por su superávit comercial”, señala The Economist.

Alemania tiene mucho por hacer. La inversión del Estado en infraestructuras se hace cada vez más urgente. Es un país modelo para muchos, con un sistema en el que las empresas y los sindicatos han sabido colaborar, con una formación profesional envidiable. Pero que ocupa, por ejemplo, en la cuestión de la digitalización el lugar 25º en el mundo en velocidad de descarga promedio. El gasto del consumidor ha caído hacia el 54% del PIB, en contraste con el 69% que ocupa en Estados Unidos o el 65% en el Reino Unido.

Tiene prácticamente pleno empleo, por debajo del 4%, con una política de bajos salarios. The Economist le pide –hay que tener en cuenta que se trata de la biblia del liberalismo—que gaste más. “Alemania ahorra demasiado y gasta demasiado poco, es una posición torpe para defender el libre comercio”, señala.

Superávit para que otros se endeuden

Una de las ideas equivocadas de muchos economistas es pensar en términos nacionales, como si los países fueran familias. Si un país ahorra, y tiene superávit, eso debe ser una gran noticia, y algo muy positivo. Sí, pero hay que pensar en el concierto internacional. Para que Alemania tenga un 8% de superávit respecto a su PIB, se debe ejercer una enorme presión sobre el sistema mundial de comercio, con países que piden prestado y gastan con igual abandono. España, Grecia o Italia han sufrido esos efectos. Se dirá que todos toman sus decisiones con consciencia, pero es difícil mantener un sistema con esos enormes desequilibrios.

No es la primera vez que The Economist advierte de que la posición de Alemania es inasumible. Luego se entienden reacciones como las del Trump, que apunta sin saber muy bien qué se puede hacer. Pero sería necesaria una rectificación por parte de Alemania, para buscar una racionalidad en todo el sistema.

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