Bar Daytona, en Andoain

Hay que recordar, para seguir adelante. Uno de los mensajes más positivos que se pueden ofrecer es que no hay que mirar atrás, porque tampoco sirve de mucho. Pero la historia hay que conocerla. El objetivo de este post es muy modesto, sólo un breve apunte que nos ayude a la reflexión, y producto de la lectura de un libro antiguo, pero muy necesario hoy: Los españoles que dejaron de serlo, de Gregorio Morán.

Hace exactamente doce años que ETA asesinó al jefe de la Polícia Municipal de Andoain, en Guipúzcoa, Joseba Pagazaurtundua. Desayunaba en el bar Daytona, con sus periódicos sobre la mesa. Le dispararon tres tiros. Vivía a escasos metros del establecimiento. Herri Batasuna no condenó el atentado, y la respuesta de los ciudadanos, aunque cundiera la rabia, fue pacata, tímida.

El País Vasco es ahora un modelo para muchos españoles. Han sabido reorientar su economía, los gestores de sus cajas de ahorro son gente seria. El PNV nunca ha dejado de lado un concepto muy alto de lo que debe ser el servicio público. Y, aunque los vascos cuentan con el concierto económico –que no es el problema, pero sí su cálculo, que no se actualiza y sigue más un criterio político que una ponderación justa— lo están haciendo todo mejor. Sin ETA, con un proceso hacia la paz que tendrá dificultades, porque las víctimas no pueden olvidar sin más, la sociedad vasca dará un salto adelante significativo. No se conocen graves casos de corrupción, y el grado de bienestar es relevante, con una industria todavía significativa, centrada en sectores punta, y con inversiones en investigación y desarrollo.

Pero, ¿cómo justificar todo el tiempo perdido? ¿Cómo admitir que el independentismo vasco ha provocado tanto mal para no alcanzar nada? Es bueno ver de nuevo el excelente programa de TVE sobre los años ochenta, Ochéntame, y su capítulo dedicado a Los años de plomo.

Y aquí entra Morán, para enseñarnos, con un libro publicado en 1982, una realidad que, a veces, no se acepta. La burguesía vasca, como la catalana, estuvieron al lado del régimen franquista. Y el movimiento independentista, el que surgió de las filas del PNV, y acabó en la izquierda abertzale, con un fuerte componente católico, caló en personas que ahora Podemos calificaría de “abajo”. Gente del mundo rural, o de las pequeñas ciudades y pueblos, sin apenas recursos. Los perfiles de Morán sobre muchos de ellos siguen impactando.

El escritor narra que pocos documentos fueron tan claros como un escrito del Correo Español-El Pueblo Vasco de 1974 para conocer el punto de partida de los empresarios de Neguri, de la burguesía vasca:

“El auténtico problema que en este momento existe en la región es el planteado por el terrorismo” (…) “El régimen actual es esencialmente vasco: vascas fueron las dos principales provincias que se alzaron contra la República el 18 de julio de 1936 (Álava y Navarra); vascos fueron los preparadores del Movimiento Nacional (Maeztu, Goicoechea, Sangróniz, etc…); y si contemplamos el nomenclátor de políticos que nos han gobernado desde aquella fecha, observaremos una interminable lista de nombres vascos (Bilbao, Castiella, Iturmendi, Lequerica, Careaga, Arístegui Bengoa, etc.); de donde puede deducirse que si los vascos estamos oprimidos, quienes nos oprimen son tan vascos como nosotros mismos”.

Resulta tremendo leer eso con tal crudeza.

Como resulta duro de roer las afirmaciones de algunos y algunas responsables de aquel estado de cosas. Como la alcaldesa de Bilbao, Pilar Careaga Basabe:

“Aviados estaríamos los alcaldes si dependiéramos de las opiniones de los vecinos”.

Muy fuerte, si se lee más de 40 años después.

Pilar Careaga, alcaldesa de Bilbao

Después pasaron hechos espeluznantes. Lo mejor es dejar a Morán para que narre uno de ellos, y que nos recuerda un grave error: al margen de la oposición a todo aquel régimen, no se podía justificar un asesinato, pero se hizo, y ETA los siguió cometiendo en democracia, con la idea de que no había cambiado nada.

“Los grandes apellidos de antaño se recogían en sus casas por los achaques de la edad, o se amparaban en los nombramientos digitales del Jefe del Estado. De vez en cuando, cual si se tratara de provincias del Imperio romano, enviaban al Generalísimo un presente desmesurado. En 1966 fue recibida en El Pardo una representación de fuerzas vivas para hacer la entrega a Franco de la medalla de brillantes de la Villa de Guernica. El dictador, que había dicho “los que destruyeron Guernica no tienen derecho a hablar de patria”, recompensó la procacidad del alcalde guerniqués Augusto Uncueta Barrenechea y le ascendió a vicepresidente y luego presidente de la Diputación. (En la misma villa le acribillará un comando de ETA años después, –el 8 de octubre de 1977– cuando iba a jugar a frontón en pleno ejercicio de su cargo.)