Chav Party, by nataliej, by Flickr

Chav Party, by nataliej, by Flickr

Las clases sociales no existen. Sólo hay grandes clases medias. ¿La cuestión ideológica? Es mejor olvidarla. La complejidad de la sociedad moderna obliga a atender las necesidades conjuntas desde aproximaciones técnicas. Y, por ello, casi es mejor que en Francia, por ejemplo, el ministro de Economía sea alguien preparado, joven, moderno, y si proviene del sector financiero, mejor que mejor. Por tanto, sustituimos a Montebourg por Macron y ya lo tenemos todo arreglado. ¿Qué el gobierno es socialista? Todavía más acertado. Verán que no es un gobierno sectario, y que todo el mundo puede estar muy tranquilo.

Con todo el obligado reduccionismo que las anteriores aseveraciones demuestra, lo cierto es que asistimos a una negación de las evidencias. La desigualdad va en aumento, y el fenómeno que prima tiene tintes insultantes. Quizá nadie lo ha expresado mejor en los últimos años que un joven británico, Owen Jones, con su libro Chavs, la demonización de la clase obrera (Capitán Swing, 2013). Jones capta a la perfección lo que sucede en el Reino Unido, pero sus ejemplos, su descripción y análisis es asimilable a otros países como España.

El poso de Thatcher

La idea es que ha triunfado un esquema que comenzó a implantarse con la revolución conservadora de Thatcher en el Reino Unido. Si estás en lo más arriba, es porque te lo mereces, si te quedas abajo, es por culpa tuya. Y ya te apañarás. Es más, si estás abajo, eres objeto de burla, y la caricatura que realizan los políticos, que viven con muchos privilegios, y de los propios medios de comunicación, y de programas de televisión, como Little Britain, refuerza la idea de que esos privilegios son en realidad el precio justo a nuestros supuestos esfuerzos.

Owen Jones, que se expresa con una fuerza y una agilidad muy poco común en un joven de sólo 30 años, señala que los políticos del Reino Unido, los diputados en Westminster, con salarios y dietas, acaban formando parte del 4% con más medios del Reino Unido. “Las mujeres de media edad, que parecen surgidas de una mansión victoriana”, y que se encargan de la limpieza, forman parte del 10% de los salarios más bajos del país. Esa es la distancia. ¿Excesiva? El mensaje ofrecido a lo largo de los últimos 34 años es que es la distancia correcta.

Los Chavs a los que se refiere Jones son los jóvenes con ropa deportiva de marca que viven de subvenciones, o que trabajan en las cajas registradoras de los supermercados o en los servicios de limpieza. Pero lo que analiza es el propio concepto de clase trabajadora, que nadie, ni los laboristas ni, por supuesto, los conservadores, quieren atender. Si, además, se la caricaturiza, nadie tendrá el más mínimo interés en hacerla visible y en buscar alternativas para que sean, de nuevo, ciudadanos activos con derechos.

Porque, como apunta Jones, a esos Chavs –chavales, una palabra –como la anglosajona–, de origen gitano—les han quitado hasta el fútbol. El deporte por excelencia de la clase obrera es ahora cosa de las clases medias, controlado por “millonarios arribistas”. Y “caricaturizar a todos los aficionados de clase trabajadora como ultras agresivos obsesionados por la violencia ciega ha proporcionado una excusa para excluirlos”.

No hay que olvidar el concepto de responsabilidad. Todos los ciudadanos deben ser conscientes de qué pueden pedir, y qué deben entregar a cambio. Qué deben exigir, y qué deben respetar. Pero el poso ideológico ha comenzado a ser tan influyente que la mayoría de las poblaciones occidentales han acabado creyendo que la lucha de clases es cosa del pasado.

El hecho es que esa denostada lucha de clases, según Jones, sí existe, y la ejercen los que están arriba. Cuenta este historiador y activista, nacido en Sheffield, que en sus tiempos universitarios, no tan lejanos, “un muy prominente político tory del ala moderada del partido”, charló con un grupo de estudiantes a calzón quitado. “Lo que debéis comprender sobre el Partido Conservador es que es una coalición de intereses privilegiados. Su principal propósito es defender ese privilegio. Y el modo en que gana elecciones es dando solo lo justo al número justo de personas”, les espetó.

Dice Jones: “He ahí un análisis que podría haber salido de las páginas del Socialist Worker”. Y añade que esa fue, en realidad, una auténtica declaración de la lucha de clases.

De Tony Blair, alguien que se acomodó al poso ideológico que había dejado Thatcher, habrá espacio en otros posts. El libro de Owen lo vamos a disfrutar poco a poco. Vale la pena. Pero pensemos en todo lo apuntado para adaptarlo a la situación de España.

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