Por Meryabad, by Flickr

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Vamos a mirar cómo sale el sol. Amanece. Nos despertamos, y la sensación es de plenitud, de que vale la pena levantarse y comenzar a trabajar. Hay objetivos que cumplir. Un horizonte esperanzador. Así que dejemos atrás los malos momentos.

Esa imagen poética es la que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quiere trasladar al conjunto de los españoles, con la voluntad de que los imponderables también jueguen su papel y que un cierto optimismo empuje el incipiente crecimiento económico, y lleve a España en volandas.

Y es cierto que la situación ha cambiado. Eso es indudable. The New York Times ha querido identificar en el interés extranjero por Bankia la imagen de la recuperación. Bankia fue la entidad que se asoció con la caída de España, con el rescate posterior por parte de las autoridades europeas de todo el sistema financiero, con una inyección de 41.000 millones de euros.

Pero ahora es también el símbolo del auge, de la reacción, después de que haya colocado bonos por un valor de 1.000 millones, la primera emisión desde 2012. De ese total, el 85% lo ha solicitado inversores extranjeros. Es, por tanto, una buena señal. Y lo es que ese rescate financiero no se haya prorrogado. Está cancelado, aunque el crédito se estará pagando hasta 2025.

Lo es también la bajada de la prima de riesgo, como no se cansa de repetir el ministro de Economía, Luis de Guindos. La diferencia del bono español a diez años, respecto al mismo bono alemán está por debajo de los 190 puntos, o, en todo caso, ronda los 200 puntos, cuando en julio de 2012 superó los 600 puntos. Y, en la primera emisión del año, el Tesoro colocó 5.288 millones en bonos a cinco y quince años. De ese total, colocó 3.527 millones al 2,38%, el tipo de interés más bajo desde la era del euro.

Esa idea de que España remonta el vuelo ya tiene una imagen gráfica, la fotografía entre el presidente Rajoy y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama en la Casa Blanca.

España, sin embargo, comienza el año y sigue lastrada por el gran endeudamiento del sector público y del sector privado. Si ese dato del Tesoro era bueno, debemos recordar que a lo largo de 2014 deberá colocar una cifra récord de 242.400 millones de euros. Es decir, deberá buscar en los mercados 664 millones de euros diarios para financiar su deuda.

Las expectativas, hay que decirlo, son buenas para cubrir esos objetivos, siempre que el Banco Central Europeo vele por los intereses de los países periféricos de la zona euro y la situación de Grecia no lo complique todo de nuevo.

El ministro De Guindos ha querido levantar los ánimos, y ha anunciado que España creció el 0,3% del PIB en el último trimestre de 2013. Y que en 2014 crecerá un 0,7% del PIB, aunque otros organismos, como Funcas, lo elevan al 0,9%. Buen augurio.

Pero los problemas siguen ahí. España sigue atenazada por una misma cuestión, que tiene una doble vertiente: ni ingresa ni recorta lo suficiente: ni consigue más recursos, porque la actividad económica no cobra intensidad, ni reduce gasto estructural que le permita reducir déficit, y, por tanto, impedir que crezca la deuda.

Los ingresos fiscales se han estancado en 2013, con 4.000 millones menos que la previsión que hizo el Gobierno. La Seguridad Social podría haber cerrado el año con un déficit del 1,8% del PIB, unos 18.000 millones de euros. ¿Por qué todo esto? Por el descenso de los cotizantes, unos 300.000, que han perdido su empleo en 2013, pese a los buenos datos del mes de diciembre.

Respecto a la deuda pública, 2013 acaba con un billón de euros, unos 100.000 millones por encima de 2012, y ronda el 100% del PIB. Y el déficit en 2013, a la espera de los datos definitivos, podría cerrar con el 7,2%, según los expertos de Fedea, cuando el objetivo marcado por Bruselas es del 6,5%.

El Gobierno confía en su reforma fiscal, que debería estar lista en el mes de marzo, para conseguir más ingresos, aunque rechaza una nueva subida del IVA. Pero el margen impositivo es ya muy estrecho, y ha ahogado a las clases medias, que deberían ser el motor que permita un aumento significativo del consumo interno, vital en estos momentos para lograr un crecimiento significativo y robusto.

Nadie quiere una reestructuración de la deuda, ¿no?

Y es que la deuda sigue siendo un peso excesivo para la economía española, en concreto la deuda privada. El Banco de España ha publicado que el endeudamiento de los hogares españoles equivale al 80% del PIB, cuando en la zona euro no llega al 65%.

¿Cómo España puede crecer de forma robusta para poder crear puestos de trabajo, y rebajar sensiblemente la tasa del 25% de paro, que es la cifra que se prevé casi como buena en 2014?

Eso es lo que sigue asustando a las autoridades europeas de España. Rajoy acierta en querer trasladar a la opinión pública una imagen algo mejor, porque es también lo que la sociedad española necesita y quiere escuchar. Pero las alarmas siguen encendidas.

El capital ha regresado a España. Eso es cierto. Los inversores ven buenas oportunidades en las empresas españolas, y la Bolsa ha recuperado su vigor, por encima de los 10.000 puntos. Pero aparecen sombras todavía muy alargadas.

La solución la tiene España en Bruselas y en Franckfurt, más que en Washington. Y eso lo sabe Rajoy, aunque la foto con Obama siempre viene bien. La unión bancaria camina con lentitud, y la mutualización de la deuda no se percibe en el horizonte. España debe luchar en esas dos direcciones, porque no es de recibo que las empresas españolas se financien a un 7%, mientras las alemanas u holandesas lo hacen al 3%.

Esos desequilibrios en la zona euro son intolerables, porque se supone que es un club entre iguales. Porque Bruselas, –y Alemania detrás—  ¿no querrá alguna reestructuración de la deuda a medio plazo, verdad que no?

El sol nace de nuevo, pero no brilla suficiente. Es un sol de invierno.

Publicado en voceseconomicas.com/

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