Merkel-citronpresser, by hoppetossen, vía Flickr

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España quiere cambiar su modelo productivo, y lo que ha logrado en los últimos años merece ya un destacado titular en los libros de economía. Sin poder devaluar su moneda, aunque con una devaluación interna por la bajada de salarios, está a punto de cerrar el año con superávit en su balanza por cuenta corriente con el exterior. Los servicios de estudios de algunas entidades financieras, como los del BBVA, consideran que esa tendencia se mantendrá hasta 2020. Ello indica que el país se ha volcado en las exportaciones, y que éstas son competitivas, y, de nuevo, hay que destacar que se hace sin poder devaluar la moneda. España puede salir de la recesión con un cierto brío, como analiza Antón Costas.

Es lo que hizo Alemania para salir de la pobreza en la época de la posguerra. Lo recuerda en las últimas semanas el presidente del Parlamento europeo, Martin Schulz, candidato a la presidencia de la Comisión Europea por los socialistas europeos en las próximas elecciones, en 2014. Asegura que sus padres trabajaron sin descanso, que vivieron esa posguerra con el aliciente de que sus hijos pudieran vivir mejor. Y que sólo a la edad de 58 años, su padre pudo ir con su mujer de vacaciones. Fueron diez días de descanso total.

Y, es cierto, que Alemania hizo un enorme esfuerzo, aunque con la ayuda de Estados Unidos. Salió como derrotado de una guerra que provocó, y acabó siendo el vencedor de una Europa que ahora no encuentra su sitio en el contexto de la globalización.

Alemania es un país que vive de las exportaciones. De todo tipo. De productos y servicios, y de capitales, los que han inundado países como España en el último decenio. Pero, como Japón, que también hizo lo mismo –copiados después por países como Corea del Sur, China, o Vietnam—Alemania ha orientado de tal manera su economía, que los hábitos y las instituciones adquiridos durante su desarrollo la han dejado incapaz de generar una demanda nacional sólida y sostenible, inhabilitada para alcanzar un equilibrio en su desarrollo.

Y si un país como Alemania forma parte de un club de países que comparten una moneda, y unas instituciones económicas y políticas, entonces tenemos un problema grave. Son las grietas del sistema, de las que hablara extensamente Raghuram G. Rajan, actual gobernador del Banco Central de India, y autor, precisamente, de Grietas del Sistema (Deusto, 2010), el mejor libro, sin duda, que explica lo que ha pasado en la economía mundial en los últimos 20 años. Decir “grietas” significa que hay desequilibrios enormes entre los diferentes países, que los que exportan no pueden pretender que los demás lo compren todo, sin animar sus propias demandas internas. Y lo contrario, que países como España, hace sólo cinco años, no pueden reflejar gigantescos déficits exteriores, alimentándose de un crédito barato, y perdiendo competitividad.

Y resulta que Alemania peca de uno de esos defectos. Tiene un superávit en su balanza por cuenta corriente del 6% de su PIB, año tras año. ¿Es un problema? Lo es, el mismo problema que el déficit que tuvo España, el 10% en 2007. En un club sus integrantes deben respetar un equilibrio interno. En caso contrario, simplemente no funciona. Paul Krugman, aunque ya es un clamor, ha vuelto a reflejar el problema que significa Alemania.

Por eso lo que ha ocurrido en la última semana es de gran trascendencia. El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha tomado una decisión que, en un primer momento, es muy positiva: rebaja al 0,25% el precio del dinero. Pero lo hace ante el fantasma de la deflación, después de comprobar, con gran temor, que la inflación creció un minúsculo 0,7% en octubre, y que la inflación por la que vela el BCE, la óptima, debería situarse entorno al 2%, aunque hay expertos que consideran que no pasaría nada si se acercara al 3% o al 4%.

Draghi, en realidad, ha dejado claras sus habilidades, pero también sus limitaciones. Mucho más no podrá hacer. El BCE ha ofrecido liquidez a las entidades financieras, les presta dinero, baja el tipo de interés, ¿y ahora?

El presidente del BCE le ha pedido a Angela Merkel, la canciller alemana, que tome el relevo. ¿En connivencia? Tal vez. Puede haber un intercambio de papeles. Merkel es muy consciente de la situación europea. Pero Draghi también le puede dar un empujón.

Bruselas va en la misma línea. De hecho, estamos ante una gran novedad.  El vicepresidente y comisario de Asuntos Económicos de la Comisión Europea, Olli Rehn, ha dejado claro que la decisión es firme y que se podría activar el mecanismo de alerta por desequilibrios, por esas grietas que analizábamos antes.  La Comisión pide a Alemania que compense ese superávit, con una subida del salario mínimo, con más inversión pública, con una reforma en el sector servicios, con, en realidad, lo que ya le pide el SPD con quien Merkel formará el nuevo Gobierno alemán de coalición.

Y es que la grieta es enorme. El superávit comercial alemán en septiembre alcanzó la cifra de 19.700 millones de euros, un 8% más que en septiembre de 2012. Está superando en ese capítulo incluso a China, que, poco a poco, ha ido viendo que debe estimular su demanda interna, para crecer de forma acompasada.

Hay, en todo caso, dos curiosidades. La primera es que no piensen que habrá sanciones para Alemania. En la reunión de ministros de finanzas de la UE, en noviembre de 2011 se decidió que los déficits se castigarían con multas, los que superaran el 4% del PIB, pero no los superávits. Habrá toque de atención, pero no multa, porque Alemania manda, manda de verdad. Y la segunda, la más importante, es que el grito de Draghi, su empujón a Merkel, para que contribuya a salir del marasmo europeo, ejerciendo de locomotora real, llega cuando Merkel ya parece que adoptará ese papel, gracias a su acuerdo con el SPD.

Pese a todo, es un buen síntoma. Esto se anima, con la nueva pareja Draghi-Merkel, y, no se olviden, con Martin Shulz próximamente en sus pantallas como presidente de la Comisión Europea. La gran coalición CDU y SPD, en Alemania, y al frente de Europa, con un italiano muy alemán en el BCE.

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