By Fotero, by Flickr

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Estados Unidos es la gran referencia para el mundo occidental. Es la democracia, la libertad, el mercado libre, las universidades de prestigio, los actores de cine y el inglés, claro, la lengua franca en todo el mundo, con permiso del Reino Unido, cuyo idioma local cada vez lo entiende menos gente.

Pero todos esos conceptos están sobrevalorados, porque lo que llega de ese mundo libre no es nada ejemplarizante. Es verdad que muy pocos países pueden exhibir grandes obras, pero Estados Unidos está, realmente, rompiendo todos los moldes, y no precisamente en sentido positivo. Lo último son esos programas de espionaje, a países que son sus aliados, y que ahora no saben realmente qué hacer.

Lo mejor que se ha escrito sobre la sociedad norteamericana en los últimos años lo ha proporcionado Joe Bageant, con su obra Deer Hunting with Jesus. Dispatches from America’s Class War, traducido en español como Crónicas de la América profunda (los libros del lince). Bageant falleció recientemente, después de obtener un enorme éxito con ese fresco de la clase trabajadora de su país.

Periodista, curtido en mil aventuras, Bageant castiga, con todo el cariño, a sus correligionarios por no reaccionar, por vivir sometidos a una rutina en la que las series de ficción y las ligas deportivas de los principales deportes son las únicas referencias. Dice Bageant: “Nuestra cultura se basa en dos cosas: televisión y petróleo. Desde Pottie hasta el presidente, todos vivimos en un mundo que depende del suministro ininterrumpido de ambas cosas. Por tanto no es nada raro que, si estalla una guerra a causa del petróleo, la pasen por la tele y todos la veamos como un programa de entretenimiento genial”.

Todo esto enlaza –y lo explica con detalle un norteamericano, no un francés elitista o un europeo con complejo de superioridad—con la permanente oposición del mundo republicano a cualquier intento de un Gobierno federal a cambiar políticas y programas estructurales. En los últimos meses todo el planeta ha estado pendiente de una pelea entre el Presidente Obama y los republicanos sobre el techo de la deuda, con la posibilidad real del impago, y con el cierre, de hecho, y durante unos días, de la administración federal.

Y, aunque ese es un gran problema, y luego lo veremos –Estados Unidos no puede seguir viviendo gracias a la deuda y a su moneda—lo que los norteamericanos siguen sin interiorizar es que su país es uno de los que planifican más, uno de los que, gracias a un gobierno federal, goza de la tecnología más puntera en el mundo. No son conscientes, o no quieren serlo, de que el gobierno federal salva vidas, de que la reforma sanitaria de Obama es más eficaz, más justa y menos costosa.

De todo esto se deriva la necesidad de que los ciudadanos, de cualquier país, sepan qué tienen entre manos, accedan a buena información –que existe—y sean consecuentes de sus actos. Y, aunque la reflexión sirve para todos, –los españoles, en concreto—es determinante que alcance a los norteamericanos, porque es un país de cual depende todo el planeta.

El economista Ha-Joon Chang, comentado en otras ocasiones también en este blog, destaca que el Gobierno federal de Estados Unidos, con sus generosos programas en I+D, han sido el responsable de las grandes ventajas del país. “Llama la atención que la mayoría de los sectores en que Estados Unidos es internacionalmente puntero sean los que han recibido grandes subvenciones a la I+D a través de programas militares (ordenadores, semiconductores y aeronaves) y proyectos sanitarios (medicamentos y biotecnología)”.

Y si todo esto se sabe, ¿qué hace el Partido Republicano boicoteando, sistemáticamente, arropando a ese movimiento de baja estofa que es el Tea Party, defendido por ciudadanos que, curiosamente, son los que potencialmente más ayudas recibirán de ese gobierno federal?

Ese es el problema. La lucha interna en Estados Unidos es muy poco comprensible en el resto del mundo. Pero es que, además, es altamente peligroso para todos.

Y aquí podemos volver a la cuestión central, y es que el sistema económico internacional presenta profundas grietas. Una de ellas es que Estados Unidos ha vivido de su moneda, de la capacidad ilimitada de endeudarse, para que esa deuda la financien el resto de economías internacionales. Esa ha sido su gran ventaja.

En este momento es China, la gran acreedora de los norteamericanos. ¿Lo sabe el ciudadano medio americano que ha ido tirando del crédito como si no pasara absolutamente nada? ¿Y es consciente el Gobierno federal, del color que sea, de que todo tiene un límite?

Es entonces cuando el republicano sensato, y el demócrata consciente se dan la mano. Estados Unidos debe saber consensuar sus políticas internas, y preparar una transición hacia otro modelo, en el que el dólar ya no será la única moneda de referencia. Ese camino no puede ser rápido, debe ser ya constante.

Porque la irresponsabilidad de la que han hecho gala los republicanos en los últimos meses lo puede poner todo patas arriba. A Europa, por ejemplo, no le conviene nada un euro tan fuerte. Y eso puede consolidarse, si persiste la amenaza constante de que Estados Unidos puede entrar en suspensión de pagos. Los capitales se mueven en todas direcciones. Y, en una situación de crecimiento casi inexistente, un euro fuerte puede dejar durante décadas a los ciudadanos europeos en fuera de juego.

En beneficio de todos, de China, de Europa y de Estados Unidos, el sistema debe saber cimentar esas grietas del sistema.

Y el primero que debe actuar ya es Estados Unidos: Move your ass.