Estadio de Maracaná, por Sbryson2, vía Flickr

Estadio de Maracaná, por Sbryson2, vía Flickr

Los ciudadanos del mundo han comenzado a organizarse. Mal asunto. Los ciudadanos del mundo buscan explicaciones y quieren saber quiénes son los responsables, para que rindan cuentas. Esta puede ser una interpretación de lo que ocurre estos días en Egipto, o en Brasil, donde los manifestantes ocupan las calles y protestan contra sus gobernantes. Son realidades diferentes, pero esas diferencias las marcan, precisamente, las élites económicas. Dicho de otra manera, ¿están a punto, como se apuntaba al inicio, los ciudadanos del mundo de tomar conciencia de que esas diferencias no son tales, de que protestan y luchan por cambiar un modelo? El propio Papa ha apoyado el movimiento en Brasil.

Por eso, si se organizan será un mal asunto para esas élites económicas, apoyadas por las élites políticas.

Prometimos en este blog que se analizaría, de nuevo, el libro de Susan George, Informe Lugano II (Deusto, 2013). Y la ocasión lo merece, después de las manifestaciones de los últimos días en los dos países citados. La tesis de Susan George es polémica, por su atrevimiento, pero los hechos, aunque no se pueda, ni deba, pensar en teorías de la conspiración, le están dando la razón.

Los Solicitantes, los supuestos miembros de la élite económica y política que encarga el informe a un grupo de expertos, son conscientes de que las reuniones, de que la puesta en común de ideas y proyectos, no son positivas para sus intereses. Vale la pena recordar las palabras de Susan George en el libro:

“Desde el punto de vista sociológico, la gente descubre lo que quiere no en Internet, sino precisamente al participar en un movimiento y al interactuar con otras personas para elaborar una visión común. El simple hecho de que se reúnan, incluso sin reivindicaciones claras, es en sí un peligro para el blanco al que apuntan. Los Solicitantes deben esforzarse al máximo para que se mantengan dentro de los límites de su hogar…y de Internet”.

No está mal, ¿no creen? El informe aconseja mantener separadas a personas que podrían poner en peligro un maravilloso negocio para una elite que, si ponemos el caso de Brasil, necesita proyectos de gran envergadura como la organización de un Mundial de fútbol o de unos Juegos Olímpicos para aumentar su riqueza. ¿Qué se beneficia también el pueblo brasileño? Sí, pero de una forma muy modesta. Eso es lo que denuncian, precisamente, los manifestantes en ciudades como Río de Janeiro.

El objetivo, por tanto, es que cada colectivo, los ecologistas, los sindicatos, las feministas o los que defiende más o menos impuestos, sigan concentrados en sus cuestiones concretas. El reto, por tanto, “consiste en mantener a sus militantes separados en sus respectivos territorios. En cuanto empiecen a darse cuenta de que sus luchas no son más que una, que todas tienen que ver con el futuro de las personas y de su hábitat, los Solicitantes y sus amigos estarán en peligro”.

Susan George es una activista, presidenta de honor de ATTAC Francia, pero lo que apunta no deja de ser lo que el mundo está experimentando en estos momentos. La ficción de ese informe, encargado por unos supuestos Solicitantes ricos y poderosos, sirve para describir una práctica, aunque todo sea, por supuesto, bastante más complejo.

Pero lo que apunta George es que las desigualdades se han acrecentado. Y que el modelo económico –basado en la economía financiera desde los años ochenta del pasado siglo—hace tiempo que dejó de pensar en el ciudadano. Impera el mercado, y en él no se tiene en cuenta a la persona.

El poder político no ha evitado esa deriva. Al revés. La ha acompañado y la ha potenciado. Y la razón de ser del mercado “no es crear empleos, sino permitir la creación de valor y por tanto de beneficios. Los empleos son un efecto secundario, un subproducto de la actividad económica capitalista”.

Bueno, no creamos en ninguna teoría conspirativa. ¡Observemos la realidad!