El drive de Rafael Nadal por Carine06 via Flickr

El drive de Rafael Nadal por Carine06 via Flickr

Relacionar el tenis, un deportista como Rafael Nadal y un proyecto liberal para la izquierda puede parecer una temeridad, pero puede ser convincente, en un momento en el que la apatía, el cinismo o el sentimiento de cabreo reinan en España. El tenis es un deporte individual, que exige un enorme sacrificio, porque se basa en automatismos que sólo se llegan a dominar con muchas horas de vuelo. Existe el talento, y la técnica, y el físico de cada uno, pero sin la constancia, sin una dedicación enorme, los resultados serán escasos.

Lo más importante, sin embargo, es querer mejorar de forma continua, buscar la superación personal, mejorar los golpes, el drive y el revés. Es, en muchas ocasiones, un ejercicio contra uno mismo. En la pista el jugador no depende de nadie. No hay un portero, no hay defensas, no hay mediocentros que paren el contragolpe del equipo rival. El tenis, sí, es un deporte individual, y exige lo mejor de uno mismo.

Rafael Nadal ha sido educado con unos valores muy concretos. Es un hombre que cuida a su rival, que reclama el respeto por su adversario.  Pero ello no le convierte en un jugador contemplativo, pendiente de lo que pueda hacer el tenista que tenga delante. Nadal, y aquí está su valor añadido, como señala en esta entrevista maravillosa, considera que hay que buscar la victoria siempre. Entiende que los deportes los debe llevar uno al máximo, porque nadie puede jugar sin tener un objetivo, sin tener una ilusión. Se puede jugar para pasar el tiempo, claro, pero, en todo caso, a Nadal, eso no le interesa lo más mínimo.

A Nadal se le acusa de que sólo le interesa ganar, y que lleva muy mal cualquier derrota. Es un ganador nato, sí, pero no es eso lo que le mueve. Aquí llega lo más interesante, lo que nos lleva a escribir este post, para reclamar que un proyecto político liberal de izquierda  –y  la izquierda sólo puede hoy abrazar un liberalismo bien entendido—debe incorporar la máxima que defiende Nadal.

El mejor deportista español de todos los tiempos considera que lo que le mueve en la vida no es ganar, sino intentar ganar con todo el esfuerzo posible. Lo que le motiva  –y él lo hace a través del tenis—es tener una ilusión y trabajar por ella, tener la sensación de que ha hecho todo lo que ha podido. El resultado final puede que no sea el deseado, pero lo importante es haberse volcado en el intento.

Y eso es más necesario que nunca en España y en la mayoría de países occidentales, que han vivido pensando que estaban solos en el mundo. Hay otros muchos problemas, claro. En España uno de los mayores es que las reglas de juego se cambian según sean los actores. Y que los responsables de errores mayúsculos, cuando no de engaños gigantescos a la ciudadanía, no pagan por ello.

La izquierda debe recuperar esas dos grandes cuestiones. La igualdad de oportunidades, estableciendo controles para los que quieren pasarse de listos sin competir, y defender que el ciudadano debe buscar una finalidad, debe querer competir por algo, por un proyecto de vida, con todas las fuerzas y dedicación posibles.

El esfuerzo es un valor de la izquierda, pero se lo ha dejado arrebatar por la derecha. Ese ha sido uno de sus grandes errores en las últimas décadas. Pero está a tiempo de recuperarlo, de buscar cómo ilusionar de nuevo a los ciudadanos.

Rafael Nadal es un ejemplo. Sin olvidar, y ello la izquierda también lo debe asumir, que existe el talento, los golpes certeros –el drive liftado de Nadal es de los mejores del circuito—y una facilidad natural de cada uno por determinados deporte o ámbitos de la vida.

Lean esa entrevista de Nadal, y saquen sus conclusiones. Al autor de este blog le ha encantado. Porque, ¿creen que existe mejor sensación que caminar hacia el vestuario, con el resultado que sea, con la convicción de que uno se ha vaciado y ha ofrecido lo mejor de sí mismo? Pues a ello.

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