Una calle de Tokio, por Juanbdj vía Flickr

Una calle de Tokio, por Juanbdj vía Flickr

Es una paradoja que los economistas no aprendieron en las facultades de todo el mundo. Algunas de las lecciones que más se han seguido, desde la ortodoxia más absoluta, resulta que chocan con la realidad. España está experimentando una suerte de fenómeno extraño, una enfermedad aguda, que puede dejar al país en la miseria, pero, eso sí, los socios europeos acabarán aplaudiendo, porque se han seguido las recetas que se indicaban.

Aunque hay cuestiones positivas, que se deberán concretar en los próximos meses, como la confianza que los inversores parecen mostrar ahora por la deuda soberana de los países periféricos de la zona euro, España tardará mucho en remontar. La enfermedad que presenta ya la sufrieron otros países, aunque hay uno que sigue siendo el mejor ejemplo para, precisamente, no seguir su experiencia: Japón.

En el debate entre expertos, académicos, y divulgadores, hay un señor que está cobrando relevancia en estos momentos, porque ya hace un tiempo que sostiene que Europa se está equivocando. Es Richard Koo, economista Jefe del Instituto de Estudios del Banco Nomura.

Koo se dio cuenta de lo que ocurría en Japón, cuando, pese a que los tipos de interés estaban prácticamente a cero, para alentar el consumo y las inversiones, los ciudadanos japoneses y las empresas se dedicaban a ahorrar para pagar sus deudas. Todo el mundo ahorraba, y todo el mundo intentaba reducir sus endeudamientos. Y el problema es que si todos los actores de un país hacen eso al mismo tiempo, la economía se hunde, se va reduciendo toda su riqueza, y se entra en un círculo vicioso que es pavoroso.

Todo eso está pasando en España. Ciudadanos y empresas, conscientes de la deuda que soportan, se han encogido en sus rincones para poder pagar lo debido. Si todos, a la vez, se desendeudan al mismo tiempo, la economía entra, por tanto, en una espiral deflacionaria de carácter destructivo, en la que no hay quien se decida a tomar prestado y gaste los fondos que se están ahorrando. En esa situación, la economía pierde constantemente demanda agregada en la misma proporción en que lo que ahorra no se acaba prestando.

Richard Koo, economista de Nomura conceptualizó ese fenómeno con el nombre de recesión de balance. Lo aplicó a Japón y considera que es válido también para explicar el caso español. Y es que resulta que en los últimos tres años, los ahorros netos del sector privado español se han situado de media en una cifra cercana al 6,7% del PIB. En el tercer trimestre de 2012 alcanzó el 9,7%. Koo alerta de esas tasas de ahorro, porque, si se tiene en cuenta el reducido tipo de interés que tenemos en estos momentos, eso indica que se está destinando a reducir deuda y no al incremento de beneficios.

Las uvas de la ira

Dicho de otra manera, y siguiendo el razonamiento de este economista japonés, si nadie aprovecha esos ahorros, si nadie los toma prestados, España podría seguir el camino de Estados Unidos durante la Gran Depresión. Entonces, la economía norteamericana, sólo en cuatro años, perdió el 46% del PIB. Todo el mundo ahorraba y nadie tomaba prestado. Aquella realidad, muy dura y sobrecogedora cuando se relee Las Uvas de la ira, de John Steinbeck, es la que se puede trasladar a España.

Existe una vía alternativa, claro, y es que el Gobierno pudiera ser ese agente que aprovechara ese dinero, quien tomara prestado y gastara los ahorros del sector privado que no se utilizan. Esta es la vía que sugiere Richard Koo y que deberá ser analizada en otros artículos. Por ahora, en todo caso, esa alternativa está sujeta a las directrices de la Comisión Europea y al tratado de Maastricht, que castiga déficits públicos por encima del 3%.

Lo único que se debería tener en cuenta, sin embargo, es la experiencia que han vivido otros países. Y el caso de Japón es realmente determinante. El gobierno japonés tomó medidas de austeridad muy similares en mitad de esa recesión de balance en 1997. Todo ello provocó cinco trimestres de caída de la economía y se incrementó el déficit fiscal en un 68%. El país necesitó diez años para recuperarse.

Otros han aprendido de ello, especialmente Estados Unidos, o, para ser más concreto, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke. Y el FMI, y otro señor importante, el presidente del BCE, el italiano Mario Draghi, se han dado cuenta de esa recesión de balance que sufren países como España. Pero no son consecuentes con su acierto intelectual.

Por qué?

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