El concejal del PP Jonatan Cobo Ortega, de Rubí, ha cometido un gran error al realizar un fotomontaje con el president Artur Mas vestido con un uniforme de las SS, el cuerpo de élite de seguridad de Hitler, y con el lema “la historia se repite”. Se ha disculpado, y ya se verá cómo evoluciona su carrera política. Pero no es el único caso de políticos o de personalidades que descalifican al contrario, o al adversario, con la palabra “nazis”.

Es un insulto que suele salir gratis. Y no debería. Se trata del peor insulto y demuestra, o ignorancia, o una verdadera mala fe.

Hay otro caso reciente, que, sin embargo, no se puede medir por el mismo rasero. El diputado de Ciutadans, Jordi Cañas, llamó ‘nazis independentistas’ a los autores, anónimos, de unas pintadas con el lema “fora enemics del català” en la fachada de la sede del partido en Girona, justo después de inaugurarla el pasado mes de junio. Y, aunque Cañas podría haber moderado sus palabras, escritas en su cuenta de Twitter, no es menos cierto que apuntar al adversario, realizar pintadas intimidatorias, sean creíbles o no, era una de las características de los nazis.

Lo que ocurre, en todo caso, es que el uso de determinadas palabras o conceptos, su utilización frecuente, les acaba restando el significado inicial. Y hay que recordar, para no repetir nunca errores que llevaron al mundo al desastre.

Un ejemplo de ello, y, salvando todas las distancias, pero con la voluntad de saber qué hacemos y por qué lo hacemos, es la marcha de las antorchas que suele protagonizar Esquerra Republicana. Lo acaba de hacer, como cada 15 de octubre, en el homenaje al president Lluís Companys, fusilado por los franquistas hace ahora 72 años, en una marcha en el Castell de Montjuïc.

¿Y sabemos que las marchas de antorchas formaban parte de la simbología nazi?

Es un viejo símbolo de la verdad y la iluminación, como explica de forma admirable y precisa la germanista Rosa Sala Rose en su enorme Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, (El Alcantilado, 2003). Rosa Sala conversa con el autor de este blog sobre otro de sus libros Lili Marleen.

En la era moderna se la ha asociado a la antorcha con la que Prometeo robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, y ese es el significado por el que la estatuta de la Libertad, en Nueva York, la mantiene en alto.

Pero la cultura alemana, explica Rosa Sala Rose, la utilizó en desfiles nocturnos conmemorativos o de celebración. Y ya en 1930 adquirió una connotación patriótica, cuando se abrió un desfile de antorchas en el castillo de Heidelberg para celebrar el final de la ocupación francesa de Renania. Y desde entonces, recuerda la germanista, “estos desfiles se reiteraron con una frecuencia inusitada durante todo el Tercer Reich con el fin de solemnizar todo tipo de mítines o de ocasiones señaladas, hasta el punto de que llegaron a formar parte de la vida cotidiana de la Alemania nazi”.

Y fue con un desfile de antorchas como Hitler celebró su toma de poder el 30 de enero de 1933. El efecto causado por esos desfiles, siempre en la oscuridad de la noche, era de profunda impresión entre los ciudadanos alemanes, y la propaganda que se pretendía conseguir surtía efecto.

Claro que las cosas, los símbolos, pierden con el tiempo sus significados y sus connotaciones. Pero es bueno recordar.

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