Sí, los europeos hemos amado a Alemania y la amamos, porque será siempre un referente cultural de primer orden. Sí, es cierto, han cometido históricamente grandes errores. El nazismo no se podrá entender nunca del todo. Sí, hemos amado a Alemania. En este blog las críticas a la gestión de la crisis de la deuda soberana no se van a detener, pero hay que explicar las cosas. Y sí, Alemania está en nuestros corazones.

Los primeros amantes de Alemania han sido siempre los ingleses. La realeza  británica ha estado emparentada con la aristocracia alemana, y los lazos culturales han sido siempre muy estrechos.

Ahora que la cancillera alemana, Angela Merkel, visita España y trata de apoyar las reformas del gobierno que preside Mariano Rajoy, es oportuno recordar algunos hechos y prácticas.

El viernes 8 de mayo de 1931 quebraba el Credit Anstalt, el mayor y más antiguo banco de Austria, fundado en 1855 por la familia Rothschild. Como ocurre ahora –los contagios se deben a cuestiones en gran medida psicológicas- la situación se extendió a Alemania, aunque los bancos alemanes no tenían grandes sumas inmovilizadas en Austria. La economía alemana, muy delicada durante toda la década por la mala gestión de sus responsables económicos y, principalmente, por el acoso de Francia para cobrar la deuda que se acordó en el Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial, acabó de estallar.

El canciller Brüning, conocido como el Canciller del Hambre, describió la situación con crudeza. Durante un fin de semana en junio en la casa de campo oficial del primer ministro británico, Ramsay MacDonald, en Chequers, Brüning se explayó. Cuando la Reichswehr necesitó 600 nuevos reclutas, se presentaron 80.000 hombres, la mitad de ellos desnutridos. Y la amenaza nazi y comunista iba creciendo día a día.

Brüning es conocido por sus errores. Él mismo reconoció que sus políticas de austeridad tenían un objetivo, que se viera claro que Alemania no podría pagar las indemnizaciones , que los acreedores asumieran que no iban a cobrar.

La lista de medidas aplicadas por Brüning nos llevan a España. Y, de forma lamentable, vemos que se parecen mucho, con consecuencias similares. Veamos.

El canciller quería equilibrar el presupuesto. Restringió los subsidios por desempleo; los sueldos de todos los altos funcionarios federales y estatales, incluyendo el del presidente, como recuerda Liaquat Ahamed en su extraordinario libro Los señores de las finanzas (Deusto, 2010), se redujeron en un 20%. Los salarios de los funcionarios de nivel inferior sufrieron un recorte del 6%. Se aumentó el impuesto sobre la renta, se aumentaron los impuestos sobre la cerveza y el tabaco y se impusieron tasas sobre los almacenes y el agua mineral. Todo ese conjunto empeoró todavía más la Depresión. Los nazis comenzaban a tener el camino libre.

El sábado 20 de junio, el presidente norteamericano, Herbert Hoover, ofreció una salida, presionado por los británicos, principalmente por el gobernador del Banco de Inglaterra, Montagu Norman, que había tratado durante toda la década anterior de ayudar a los alemanes para reducir sus indemnizaciones de guerra. El plan era que Estados Unidos renunciaba a un año de capital e intereses de 245 millones de dólares de las deudas de guerra de Gran Bretaña, Francia, Italia y algunas de las pequeñas potencias europeas, siempre, eso sí, que los aliados renunciasen a su vez a 385 millones de dólares en indemnizaciones adeudados por Alemania.

Pero Hoover se olvidó de una cosa: no avisó de su plan a Francia, el mayor acreedor de Alemania y el país financieramente más potente de Europa en aquel momento.  Se llegaría a una componenda que no benefició a nadie, porque Francia, evidentemente, presentó batalla.

Las palabras de Norman, en su posterior llamada al gobernador de la Fed, a Harrison, fueron ilustrativas: “Berlín se desangra mortalmente”, se quejaba, recordando la batalla entre franceses y norteamericanos.

Y ya en su diario: “Francia ha jugado a su habitual juego mezquino y egoísta con la propuesta de Hoover. Hacer algo bueno por sí misma no concuerda con la naturaleza oficial de Francia. Así, Alemania se resquebraja mientras Francia regatea”.

De todo esto hay que tomar nota. De los errores de Brüning debería aprender Merkel, y también Rajoy.

Y Merkel debe saber que Alemania fue amada, fue ayudada. De hecho, se la ayudó después de la II Guerra Mundial, pero eso es ya otra historia.

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