Los psicólogos deberían tener ya un mayor protagonismo en la crisis que atenaza a Europa. Después de tres años, los principales actores, los dirigentes europeos, son incapaces de encontrar una solución. La ruptura del euro puede ser un hecho, desde el instante en el que se piensa en ello, desde el momento en el que los propios medios de comunicación han jugado con ello, haciéndose eco, es cierto, de los propios interesados en que ocurra. ¿Qué mecanismos manejan esas mentes supuestamente privilegiadas?

Pero ha llegado ya la hora en que una nación, una gran nación, con una dirigente importante –la historia dirá si estuvo a la altura- como Angela Merkel, decida que quiere para su país y para Europa. Tendrá su momento en la cumbre de este fin de semana del Consejo Europeo de la Unión Europea.

Parece que se haya puesto de moda la acusación a Alemania. Y no podemos decir nada más contra ellos, porque en España no podemos pretender que nos salven los sufridos ahorradores alemanes, después de haber vivido tan bien! ¿Tan bien? ¿Quién? No los trabajadores españoles.

Proponemos algunas cuestiones necesarias y breves para tratar de esclarecer lo que pasa:

-No debería plantearse todo como un debate moral, del tipo si eres pobre, es porque te lo has buscado. No te has esforzado. Es decir, si alguien pide limosna en la calle, bueno, es su opción de vida, lo hace con profesionalidad. Cada uno elige su destino.

-En las relaciones económicas internacionales hay desequilibrios insostenibles. Hay países que basan su economía en su potencia en el exterior. Y llegan a presentar superávits comerciales gigantescos. Si se pertenece a un determinado club, esos desequilibrios son más evidentes y problemáticos. Me refiero a Alemania. Pero para la opinión pública alemana ese no es un problema. Sus dirigentes no quieren o no pueden explicarlo.

Si se rompe el euro, Alemania podría salir muy perjudicada. Su marco alemán se revalorizaría, y sus exportaciones sufrirían. El paro también se incrementaría de forma notable. Pero se sigue jugando con la ruptura, con la idea de que Alemania podría dialogar directamente con China o Estados Unidos, en una nueva relación mundial. No se tiene en cuenta que sería toda la economía mundial la que entraría en una fuerte depresión.

-En un club, después de tantos esfuerzos compartidos, con el objetivo de borrar para siempre la amenaza de la guerra, debe haber algunas garantías. El rotativo alemán Süddeutsche Zeitung se refiere a la necesidad de esa garantía con un argumento muy comprensible: ¿Por qué existen tantos bancos europeos descapitalizados, al contrario que sus homólogos estadounidenses? Porque no existe una instancia europea que les obligue a mantener unas reservas suficientes.

-Hay tres necesidades urgentes: Una unión bancaria para España, una unión fiscal para Italia y una unión política para Alemania, que no se fía y razones no le faltan, de la voluntad de Francia de asumir una gran cesión de soberanía. Todo ello significa salvar el euro. Sería muy costoso. Sí. Para Alemania, principalmente, pero no hacerlo será todavía peor.

-El analista Wolfgang Münchau cree tener la solución: Se llama Mario Monti. Sólo él podría convencer a Alemania, por su inteligencia y su gran conocimiento de la realidad europea. Pero desde dentro, sin hacer ruido, porque los alemanes no aguantan que se les recrimine públicamente desde fuera de forma continua. No lo entienden.

El primer ministro italiano y europeo convencido tiene pocas horas para tan importante y ardua labor.

Los que no defiendan todo esto, pueden seguir acusando a España de todos los males, recriminando a sus principales actores, y valorando a Alemania como un país intocable. No vale hacer lecturas interesadas en clave nacionalista. Se trata ahora de salvar el euro.

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