La financiación de los entes territoriales del Estado español es una de las asignaturas todavía pendientes del sistema político. Con la crisis económica se ha acentuado esa carencia y en los foros políticos y económicos de Madrid se han desatado todo tipo de proyectos con acento recentralizador. Ni los ayuntamientos, ni las comunidades autónomas tienen un buen sistema de financiación, porque dependen sobremanera de un sistema que prima a la administración central, la AGE, que está sobrefinanciada en relación a los servicios que presta. Pese a ello, las distintas reformas, desde el lejano 1993, con la cesión del 15% del IRPF a los gobiernos autonómicos, hasta el acuerdo de 2009, con la cesión del 55% del IRFP, el 55% del IVA y el 58% de los impuestos especiales, el salto ha sido muy grande.

En cualquier caso, baste un comentario de un economista catalán importante, que ha participado en las últimas valoraciones del déficit fiscal de Catalunya. Asegura que en Madrid no entienden su posición, porque no es un economista cercano a las tesis nacionalistas, pero les recuerda a los dirigentes del PP, principalmente, que un territorio no puede sufrir cada año un déficit de un 8% o un 9% en relación a su PIB. Y añade que se debería poder reducir a un 5%, dejando claro que en cualquier estado compuesto hay territorios que aportan más de lo que reciben. Porque los impuestos los pagan los individuos, como apunta siempre el economista Angel de la Fuente, pero las inversiones las deciden los gobiernos de los estados, cosa que se olvida con frecuencia.

Perfecto. En eso estamos de acuerdo. Pero lo que ocurre ahora en Catalunya obedece más a una estrategia política, que va más allá de la financiación de un gobierno autonómico. El gobierno de CiU ha planteado el pacto fiscal, no como superador  -que también- del sistema que pactó el anterior gobierno presidido por José Montilla con el gobierno del PSOE, siguiendo el mandato del Estatut, sino como una palanca que lleve a un cambio estructural en las relaciones entre Catalunya y España. Es la opción para toda la legislatura del president Artur Mas, con la idea de que si no se acepta el pacto fiscal en Madrid habrá que pensar en algo más, en una consulta, en un nuevo marco político.

Eso es lo que ha percibido el PSC, y también ERC e ICV. Y eso es lo que dificulta de forma notable el posible acuerdo. El president Mas hace bien en intentar un acuerdo con el PSC, a pesar de que tendría una mayoría amplia con ERC e ICV. Pero es difícil para los socialistas llegar a un acuerdo cuando se habla de que será necesario “un choque de trenes” con España. ¿No sería más lícito plantear directamente una consulta sobre la relación que desean tener los catalanes con el resto de España? ¿No es eso lo que desea realmente una parte importante del nacionalismo catalán que representa CiU? ¿Y si el PSC lo entiende así por qué no lo plantea también directamente y lidera alguna vez esa cuestión?

El expresident Jordi Pujol se queja de que la excusa para no abordar el problema sea la crisis económica. Ese “no es el momento” irrita a Pujol, porque siempre se ha puesto sobre la mesa. De hecho, nunca ha sido el momento, ni cuando las cosas iban bien en todo el Estado, ni ahora, cuando está parcialmente intervenido por las instituciones europeas. Pero lo que parece claro, aunque no se deba situar siempre como la barrera infranqueable, es que si se quiere de verdad un cambio en la financiación de Catalunya, de gran envergadura, se debe contar con un frente amplio.

Dice la secretaria general de ERC, Marta Rovira, que “se debe priorizar el país”, por delante de “rivalidades partidistas”, con el argumento de que CiU debe contar con ellos, y dejar de lado al PSC, apostando por el concierto económico. ¿Y que es para Rovira priorizar el país? Al margen de los datos electorales, de los diputados conseguidos en el Parlament, de las encuestas, Catalunya tiene una columna vertebral compuesta por CiU y el PSC. Y lejos de minimizar las posibles divisiones sociales, como apunta en numerosas ocasiones Salvador Cardús, -asegura que en lo que hay que pensar es en el día después del no al pacto fiscal en Madrid- hay que tener en cuenta “el país”, que no es únicamente –aunque sea el más activo y el que tiene más eco en los medios- el sector nacionalista más proclive a un cambio político de envergadura en Catalunya.

El president Mas, por tanto, y CiU, hacen bien en dudar y en ver qué pueden hacer, intentando que el PSC no se descuelgue, y que, como mínimo, el PP no obstaculice del todo un posible acuerdo.

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