La señora Angela Merkel, cancillera de la República Federal alemana, originaria del este alemán, hija de un pastor protestante, estará presente el viernes en el partido que enfrentará a Alemania con Grecia. Lo hará en el estadio PGE Arena de Gdansk, para muchos alemanes Freie Stadt Danzig, la Ciudad libre de Danzig, que fuera alemana antes de la Primera Guerra Mundial, y durante el nazismo. Polonia acabaría recuperando la ciudad portuaria tras la Segunda Guerra Mundial. Merkel quiere vivir ese partido, que se ha convertido en mucho más que un espectáculo futbolístico.

En España las cosas se viven con pasión, aunque ahora el tono sea muy bajo y la desesperanza sea la tónica. Pero, a pesar de los errores cometidos, habrá que seguir insistiendo en la responsabilidad de Alemania y, concretamente, de Frau Merkel.

Los argumentos ahora a favor de pedir responsabilidades llegan desde la propia Alemania. No estamos solos, aunque en Catalunya exista un cierto clima favorable a las tesis de Merkel, porque se considera que se puede establecer un paralelismo: Alemania paga demasiado al sur europeo, como Catalunya paga en exceso al sur español. Por tanto, Alemania, como Catalunya, tienen razón. Habrá que purgar por los desmanes cometidos y sufrir durante un tiempo.

El semanario Der Spiegel publica un artículo de Jakob Augstein, director del semanario de izquierda Der Freitag, quien arremete contra Merkel. La acusa de circular en sentido contrario, aunque ella entiende que quien rompe con todas las reglas de circulación es Europa. Asegura el director de Der Freitag que Merkel trabaja en un proyecto que consiste en debilitar el compromiso europeo de los alemanes. “Todos los discursos sobre ‘nuestro dinero’ que todo el mundo envidia, constituyen una argumentación nauseabunda”, dice el semanario. Y añade que Merkel no lo dice literalmente, sino que deja esa tarea “a sus ganchos del diario popular Bild”.

El artículo es sobrecogedor. Entiende el director de Der Freitag que Merkel ha presentado una especie de dilema, en el que Alemania podría elegir entre la propia vía alemana o la europea. Pero se pregunta el responsable del medio de comunicación alemán si esa vía en solitario es posible. Y la respuesta es que no, que Merkel no puede confiar en un mundo en el que se establezca una dialéctica entre Alemania y China, o entre Alemania y Estados Unidos, porque lo que ha sembrado en Europa es enorme y no se puede echar por la borda.

Una unión de bancos y la emisión de eurobonos podrían ser soluciones para que Alemania entrara en un sistema de garantías recíprocas, que sería el “único modo” de evitar la dislocación de Europa.

Apunten, finalmente, un nombre. Jakob Augstein habla de una dirigente del SPD, Hannelore Kraft, como la política preferida en estos momentos por los alemanes. Y pronostica el director de Der Freitag que el fin de los problemas de Europa debería estar cerca.

El articulista, además, se refiere a las responsabilidades individuales. ¿Es Merkel la gran equivocada en este momento histórico? Y se refiere a algunas ucronías: “Si Federico III no hubiera muerto de cáncer de laringe tras sólo 99 días de reinado y si Bismarck se hubiera quedado más tiempo a su lado, ¿se podría haber evitado la Primera Guerra Mundial?

Los lectores-ciudadanos deben hacerse su propio juicio.

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