Existe un consenso, al margen del posicionamiento ideológico de analistas o economistas -también la opinión pública lo comparte- sobre la necesidad de equilibrar las cuentas. Nadie pone en duda que los estados deben reducir el déficit, que deben progresivamente reducir también la deuda acumulada, porque se trata de dejar a las futuras generaciones una situación económica mejor y más saneada. Nadie cuestiona un principio que el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, no se cansa en repetir: no se puede gastar aquello que no se tiene. Correcto.

Pero lo que está sucediendo en Europa nos lleva a la confusión. La idea que impera ha tomado un cariz peligroso, con connotaciones claras de guerra de religiones. Distintos economistas ven un futuro negro para España. Describen situaciones alarmantes. Y prometen mucho dolor. El mismo Santiago Niño Becerra, que ha insistido –con razón- en los últimos dos años en tener en cuenta la deuda pública, pero principalmente la deuda privada de España, prevé  dolor y tristeza. ¿Pero no hay ninguna otra posibilidad que aguantar esa situación? ¿Por cuánto tiempo, por diez o treinta años? Está ganando el protestantismo. No hay nada que hacer, resistamos, España será rescatada completamente y a llorar y sufrir. Es Alemania y los países del norte de Europa los que nos dicen que debemos sufrir, porque nos hemos equivocado en el pasado más reciente. Lo sentimos, dicen, no podemos hacer nada.

Y lo grave es que sí hay soluciones. Y que, contrariamente a lo expresado por un analista que suele decir las cosas claras sin caer nunca en alarmismos, como José Carlos Díez, la solución es política. Díez asegura que debemos abandonar la acción política y pasar a la acción concreta. Sus recetas son correctas, a mi parecer, lo que ocurre es que para ponerlas en práctica: mayor unidad en todos los frentes en la zona euro, se precisa, justamente, la determinación política.

A un conseller de la Generalitat del anterior gobierno de la pasada legislatura le gusta preguntarse en numerosas ocasiones cómo nos verían desde Marte. Cómo nos verían los “marcianos”.

Pues desde Marte verían que no estamos tan mal. Y que el gran problema de Europa es su fragmentación. La zona euro está en mejor posición que muchas otras regiones económicas del planeta, como Estados Unidos, la gran referencia occidental. El ratio de deuda sobre el PIB en 2010 de la zona euro fue del 85%, en el 2011 del 87,20%, frente al 94% de Estados Unidos o el 80% del Reino Unido en 2010. En 2011, la deuda en EEUU superó su propio PIB, por encima, por tanto, del 100%. El déficit de la zona euro en 2011 superó ligeramente el 4%, por el 10% de Estados Unidos y el 8% del Reino Unido. La recapitalización de los bancos –y seguimos hablando de la zona euro en conjunto- hasta los 200.000 millones según el primer informe del FMI de agosto de 2011, sólo provocaría un aumento del déficit presupuestario de 2 puntos, muy inferior todavía al norteamericano. (Ya sabemos que los 100.000 millones al sistema financiero español lo deberá asumir el Estado español, aunque debería inyectarse directamente a los bancos desde el fondo de rescate europeo).

Y existen, como ya se dijo en este blog, soluciones técnicas para mutualizar la deuda sin castigar a los países más cuidadosos como Alemania.

Desde Marte, por tanto, dirían que Europa tiene un gran potencial y una situación de partida mejor que la de sus rivales económicos. Pero no contarían los marcianos con la intransigencia de unos determinados países que, en realidad, parece que deseen una ruptura del euro, porque consideran que les puede ir mejor en solitario.

De todo ello ha vuelto a insistir Paul Krugman al recordar que estados como Florida han sufrido un rescate de unas dimensiones que asustarían en Europa por parte del gobierno federal norteamericano. O recuerda Krugman también lo que pasó en otro estado en los años ochenta, en Texas.

Los lectores de estas informaciones ya decidirán y establecerán sus preferencias. O la asunción del dolor, aplicado por los protestantes, o la determinación política para poder pensar que existe un futuro.

Quizá sea necesario saber también la exposición de los bancos europeos a las deudas de los distintos países. El gráfico que se puede ver en el enlace, trabajado por el Financial Times, es ilustrativo.

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