Hay individuos, seguro que todos conocemos familiares o amigos, que, de entrada, como con el referéndum de la OTAN –¿se acuerdan?- dicen no. ¿Podemos ir al cine esta noche? No. Si, hombre, hay algunas cosas interesantes que valen la pena. Espera, enseñame la cartelera. Al final, el individuo acaba accediendo, y disfruta de la velada con pasión. Pero ha sido muy molesto todo el proceso hasta conseguir convencerlo.

Merkel se ha convertido en esa señora que no acaba de ser consciente de las consecuencias de su negativa a casi todo. No. A todo: Eurobonos o mutualización de la deuda; unión bancaria con garantías de depósitos; un papel efectivo del Banco Central Europeo, un plan de inversión europeo que vaya más allá del necesario control del déficit. Todo es no. Acepta moverse ligeramente, reclamando –en eso lleva razón- que todos los países acepten una cesión de soberanía, sin medias tintas. Pero casa segundo que pasa sin actuar supondrá en breve un desastre.

España no puede pagar su deuda por encima del 7%. No puede sufrir como ha pasado este lunes 18 de junio, después de las elecciones en Grecia, que han arrojado un claro apoyo al euro, pese a todas las dificultades. España no aguantará. Ni Italia. Economistas consultados aseguran que la economía de España, su fortaleza, le llevaría a pagar unos 250 puntos por encima de la prima de riesgo alemana. Un 2,50% más, sí, pero no un 5% o un 6% más. Es una locura.

Porque veamos. Hay otros problemas. La prima de riesgo no viene derivada de una deuda pública elevada, sino de la posibilidad de pagar, que sólo vendrá si existe un crecimiento económico suficiente. No es tan difícil entenderlo, ¿no? El colectivo Economistas contra la crisis redactó un excelente artículo fechado en el mes de mayo que vale la pena recuperar para entender el fenómeno.

Las decisiones que se tomen a partir de ahora, como las no decisiones, sólo obedecen a criterios políticos, no económicos. Estamos asistiendo a un problema político de enorme alcance.

Los eurobonos están diseñados. Se conoce como podría resultar. La idea ya fue formulada en el 2010 por dos economistas, uno francés y otro alemán. Jacques Delpla y Jacob von Weizsäcker propusieron que hasta un cierto nivel, el 60%, por ejemplo, del PIB, la deuda de cada Estado de la eurozona tuviera una garantía conjunta y solidaria de todos. Los tesoros de cada país podrían pasar por una agencia de la deuda común que emitiera en los mercados de deuda títulos con esa garantía. Y cada estado se endeudaría de forma individual con la agencia, pero los inversores no comprarían un título español, alemán o francés, sino un eurobono garantizado por todos los países. Los dos economistas se refieren a esa deuda garantizada como “deuda azul”, que tendría un estatus superior a la “deuda roja”, que sería la emitida por encima del umbral del 60% del PIB. Los inversores sabrían que si hubiera una restructuración ésta afectaría a la segunda deuda, pero no a la primera.

La cuestión es que hay mecanismos. Que todo ha sido analizado. Y que sólo esperamos, quizá ya sin tiempo, que se tome una decisión política.

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