Problemas de España: el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, se equivocó al presentar la ayuda financiera europea a los bancos españoles como una victoria. Sí pudo haber conseguido que el rescate lo gestionara el FROB, pero el propio Rajoy sabe que será el Estado el que asuma directamente esa ayuda. De acuerdo, error español.

Problemas de Alemania: No reconoce la situación. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, acierta y da en el clavo al alertar que algunas capitales europeas no son conscientes de la gravedad del momento. El propio euro está en peligro. La propia Unión Europea podría desvanecerse. En Alemania no parece existir esa sensación. El Bundesbank manda mucho. El Banco Central Europeo se hizo a imagen y semejanza del banco central alemán. Y presiona a Mario Draghi. El BCE lleva semanas sin ir de compras en el mercado secundario de deuda soberana. La Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra han comprado diez veces más deuda de sus países, como mínimo, que el BCE.

Problema concreto de la canciller alemana Angela Merkel. No parece muy sensato decir que España lleva diez años viviendo en la irresponsabilidad. Sí, los promotores inmobiliarios se endeudaron en exceso. El apalancamiento del sector privado ha sido enorme. Con ello se ha dejado de invertir en muchos otros sectores de la economía con un potencial mucho más productivo. Sí, aceptamos esa demencial  práctica extendida en toda la sociedad española. No todos. Las familias, las más humildes, querían acceder a una vivienda. Y la mayoría no ha hecho locuras. Pero, ¿quién financió a esos promotores, quién exportó capitales ingentes a los países del Sur? ¿Quién presionaba  para que hubiera tipos de interés que llegaron a ser negativos? ¿Acaso no fue Alemania, con un BCE entregado a la causa alemana? ¿Eso lo olvida Angela Merkel?

¿Sabe Lutero que esconde esas medias verdades?

Volvemos a la máxima: para que uno venda, otro se debe endeudar. Y Alemania lleva décadas orientando toda su economía a la exportación, olvidándose de que debe tirar también del consumo interno, para que sus socios europeos puedan seguir adelante.

Problema de la deuda. España e Italia están a punto de no poder financiarse en los mercados. Les quedan semanas, o unos pocos días. Aunque el Tesoro español fue hábil y desde el comienzo del año ha conseguido colocar deuda, más de la prevista en el primer trimestre, en breve no podrá colocar más. Eso quiere decir que entra en fallida. Y habrá que rescatarla. Los anglosajones le llaman bailout. Pero recordemos el proceso. Los países necesitan colocar deuda. La compran los bancos nacionales, con financiación, en parte, del BCE. Pero los bancos son castigados por tener deuda soberana en sus balances. Hay que rescatarlos. Pero eso producirá más deuda. Hay que colocar más deuda, ¿en los mercados?

Problema de la soberanía y paradoja final: Europa no llega a ser en estos momentos el 6% de la población mundial. El centro de gravedad se desplaza hacia Asia. Estados Unidos lo sabe bien. China financia la deuda norteamericana. Sin una unidad política, fiscal y monetaria, Europa será un conjunto de países que irán perdiendo poder a marchas forzadas. Ahora España ha perdido soberanía. Italia tiene un presidente del gobierno que no ha sido elegido en las urnas. También ha perdido soberanía. Pero tanto España como Italia tendrán más poder político si es Europa la que consigue una mayor unidad. Seré más soberano si cedo más soberanía a Europa. ¿Lo podremos entender y aceptar?

De todo ello reflexionaron ayer en un debate organizado por la Fundació Catalunya Europa y la Escuela de Comercio de Toulose, el ex conseller de Economia, Antoni Castells, el economista miembro de Economistas frente a la crisis, Antonio González, y dos economistas franceses  impulsores del movimiento Economistes atterrés, Henri  Sterdyniak y Dominique Plihon. El diagnóstico y el peligro, bien descritos. ¿Soluciones inmediatas? La actuación del BCE. ¿A medio y largo plazo? Más Europa, una Europa que sea capaz de competir en el mundo con una sola voz.

¿Problemas finales? Queda una gran duda. Alemania se toma en serio las cosas, guste más o menos. Habrá que convencer a los alemanes. Pero la pérdida de soberanía puede angustiar más a los franceses. Ese es mi punto de vista. A los españoles ya no les importa. La situación es angustiosa. A los catalanes, igual es una solución, como apuntó Castells, y también el expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, en sus editoriales del boletín del centro de estudios que lleva su nombre.

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