Les llaman los economistas aterrados. La Fundació Catalunya Europa los ha invitado para que expliquen su visión. Son franceses, como Henry Sterdyniak o Dominique Plihon. El diagnóstico que difunden es sencillo, aunque las autoridades europeas sigan sin verlo con claridad.

La crisis que arranca en 2007 hasta ahora es una crisis del capitalismo financiero, que también se ha definido como la culminación de la financiarización de la economía, que comienza a producirse desde los primeros años 80 del siglo pasado. Esa globalización financiera produce enormes desequilibrios.

Por otro lado, en Europa el proceso del euro queda a medio camino, con lo que la crisis financiera se dimensiona en la zona euro, que no cuenta con instituciones adecuadas. De la crisis financiera pasamos a una crisis económica y a una crisis de la deuda pública, que pone en jaque la propia existencia del euro. España está hoy batiendo todos los récords, con una prima de riesgo totalmente disparada, gracias a la inestimable ayuda de las agencias de calificación, como Moody’s, que deja la deuda a escasos escalones del bono basura.

Pero las recetas que podrían revertir la situación siguen sin aplicarse, porque Alemania sigue en su camino de hacer pagar a los pecadores. Lutero sigue apareciendo con fuerza y su sombra en Bruselas es muy alargada.

Por eso, aunque los expertos expliquen muy bien que España paga ahora por la ineficiente gestión del fondo de rescate europeo, incidiendo en la distinción entre acogerse al originario fondo de rescate o al que se pondrá en marcha en julio, con mucha más artillería, ver el buen análisis de Xavier Sala Martín sobre ello, el problema es Europa, el problema es saber si los países europeos quieren o no seguir juntos en una unión monetaria. El problema es saber si Europa quiere ser una potencia que compita con posibilidades de mantenerse a flote con Asia o Estados Unidos, sabiendo que es ya solo el 6% de la población mundial.

Y Mariano Rajoy, aunque diseño un gobierno y unas políticas creyendo que todo esto se podría resolver igual que hizo el PP en 1996, bajando impuestos, vendiendo patrimonio y empresas públicas y liberalizando el suelo –el inicio del desastre- ha comenzado a ver que es Europa la que debe cambiar urgentemente sus prioridades.

Su carta al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y al presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, es una buena iniciativa que deberá defender con fiereza a partir de ahora en todos los foros en los que participe. Pide Rajoy una unión fiscal, y una unión bancaria urgente, con un sistema financiero “sólido, integrado y bien supervisado”. ¿Qué llega tarde? Seguramente, pero lo que importa ahora es que insista y se haga valer.

Aquí llega el título del post. Sí. Rajoy intentó hacerse valer en Bruselas con el argumento de que España no es Uganda, a través de su ministro de Economía, Luis De Guindos. ¿Y no tiene razón? De forma inexplicable, porque provoca las chanzas y España sigue sin tomarse nada en serio, a Rajoy le llueven las críticas más feroces por esa comparación.

¿Rajoy quizá no esté preparado para lo que le ha caído encima? ¿Ha actuado mal, sin dar la cara cuando debía? ¿Su equipo carece de experiencia? Hay muchos reproches, y se deben hacer. Pero es evidente que España, la cuarta economía de Europa, entre los 12 países más potentes del mundo, con un entramado empresarial de primera línea y un capital humano de primera, gracias al enorme peso de Catalunya (que nadie lo olvide, como ha recordado el president Artur Mas) debe hacerse valer. Entre otras cosas porque su dimensión es ahora un valor para que no se derrumbe todo el proyecto del euro.

Ahora resultará que Uganda, país igual de respetable que cualquier otro, es una de las potencias europeas y que lucha codo con codo con Alemania.

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