Auditorio de CCOO en Barcelona. Media tarde de ayer. Cuadros sindicales, y la cúpula de ICV-EUIA, con Joan Herrera en las primeras filas. El secretario general de CCOO en Catalunya, José Luis Gallego, habla de la izquierda, de la que presenta batalla en Alemania. El invitado es Oskar Lafontaine, ex presidente del poderoso SPD alemán, y líder de La Izquierda entre 2007 y 2010, una fuerza política que comienza a ser marginal en Alemania. Pese a todo, Lafontaine, aunque no acaba de rematar la jugada, porque sabe que la opinión pública alemana es muy reacia a sus tesis (de momento), ofrece algunos argumentos basados en el sentido común, pero que son apoyados por importantes economistas de talla mundial.

Veamos. Europa debe hacer frente a tres retos: el primero, desligarse del poder financiero; el segundo reducir la deuda de los estados, “que es el dinero de los ricos”, y tercero evitar el dumping social, la reducción de salarios de los trabajadores.

Lafontaine, en una conferencia breve, no puede desarrollar con profundidad todos estos retos, pero insiste en una tesis que defiende con maestría en Fault Lines Raghuram Rajan, ex jefe del FMI entre 2003 y 2007, catedrático de finanzas de la Universidad de Chicago (donde se concentran los monetaristas-los economistas llamados de agua dulce, frente a los economistas de agua salada, como Paul Krugman).

El argumento es muy simple, pero parece que no acaba de entenderse por parte de algunos economistas catalanes: “Si uno produce muchas mercancías y las exporta, otro las consume y se endeuda” .  Otro argumento. “Para compensar esa situación, está la cuestión de las divisas, pero los salarios no suben, están estancados”.

Se refiere a Alemania, que práctica la siguiente situación: desde la II Guerra Mundial, orienta, para crecer, su economía a la exportación. Y la potencia de forma notable en las últimas décadas. Se aprovecha de los bajos tipos de interés del Banco Central Europeo, creado siguiendo las indicaciones de Alemania, es decir, copiando el modelo del BundesbanK. Eso implica independencia del Banco, que no se somete al control de los estados, con el único objetivo de mantener la inflación bajo mínimos. (Si sube pierden dinero los ahorradores alemanes). Con la tarea de reunificar Alemania, el papel del BCE le va a Alemania como anillo al dedo. Y, a cambio de esa disciplina y principios, acepta perder el marco alemán y que se constituya el euro. Es verdad que propone un camino federal para Europa, pero Francia no lo ve claro y se apoya en los británicos para impedirlo con el Tratado de Maastricht.

Con los ahorros de los alemanes, los bancos alemanes prestan enormes cantidades de dinero. La jugada es buena: exporta mercancías y dinero para que familias y empresas compren sus productos. ¿Problema? La zona euro es un club de países, lo que gana uno lo pierde el otro, a no ser que haya una unión fiscal y política, como ocurre –y se definió desde el inicio- en Estados Unidos.

Lafontaine insiste. Pide un movimiento democrático de renovación. Pero es consciente de que el mismo SPD no es, ni de lejos, el Partido Socialista francés que lidera François Hollande. En Alemania la cancillera Angela Merkel, (propone ahora de nuevo una Europa a doble velocidad si no hay acuerdos) que sabe perfectamente lo que la zona euro necesita, también es consciente de que hay un consenso político y social que no permite muchas alegrías. Creen que Alemania podría, incluso, salir fortalecida. Creen que han pagado demasido. Que pueden vivir exportando a todo el mundo.

¿Qué dice Rajan? Es muy claro, y recordemos que no sería, precisamente, un economista liberal a la americana, es decir, un ‘progresista recalcitrante’. Afirma Rajan que, por desgracia, cuando Alemania y Japón decidieron transformarse descaradamente en países exportadores grandes y ricos, los hábitos y las instituciones adquiridos en el momento de su desarrollo los han dejado incapaces de generar una demanda sólida y sostenible (lo que España necesitaría justo ahora, con un problema enorme en los balances de sus bancos) y de alcanzar un equilibrio en su economía.

Es cierto que uno debe resistir las tentaciones. A mi me gusta mucho el chocolate y otras cosas. Pero hay que moderarse. Y cuando muchos países desarrollados fueron capaces de moderar sus importaciones, cuando tiraron la patata caliente del gasto financiado por la deuda externa a finales de la década de 1990, Estados Unidos, además de otros países europeos como –ahora aparecemos- Grecia, España y Reino Unido la recogieron.

Aceptamos el debate. ¿Se equivoca Lafontaine en su diagnóstico, que fue ministro de Finanzas con Schroeder?. ¿Qué alternativa tiene España?

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