En España hay un total de 79 universidades, 50 de ellas públicas, con 1.650.000 estudiantes. Un trabajo de la Fundación BBVA concluye que tener una diplomatura aumenta la probabilidad de ser activo en 21,8 puntos porcentuales y en las licenciaturas el incremento llega hasta los 25,2 puntos. El mayor nivel educativo aumenta las posibilidades de acceder a un contrato indefinido. Así que el lector de este artículo podría pensar que el título del mismo es un error, porque no se puede establecer una disyuntiva entre educación y productividad. A mayor educación, mayor productividad de un país.

Pero las correlaciones pueden llevar al equívoco. Y el debate está servido, porque los datos muestran que un país competitivo, altamente productivo, no tiene por qué ser el que cuenta con más ciudadanos universitarios. En un momento de enorme crisis, de recortes en el ámbito educativo, las autoridades españolas y catalanas se enfrentan a este dilema.

Resulta que algunos ejemplos rompen los esquemas establecidos. Lo explica el economista coreano Ha-Joon Chang, que conoce muy bien la evolución de Corea del Sur, que ha llegado a unos parámetros educativos comparables a España. El ejemplo que ofrece Chang, sin embargo, es el de Suiza. Se trata de uno de los países más ricos e industrializados del mundo con un índice de universitarios menor que otros países de su entorno. Chang se basa en el libro de Alison Wolf, Does Education Matter? (Penguin Books, Londres, 2002). Alison Wolf es la mujer, curiosamente, de Martin Wolf, periodista financiero de referencia del Financial Times.

Hasta principios de la década de 1990, el porcentaje de universitarios de Suiza no llegaba a la mitad de la media de la OCDE, un 16%, frente a un 34% que era la media en la OCDE. Posteriormente aumentó mucho, es cierto, pero para Chang no invalida la tesis, aunque los datos que ofrece pueden ser erróneos. Hemos elegido, sin embargo, datos del informe de la OCDE de 2011. Alemania, el país más potente de Europa, arroja porcentajes que avalan el argumento de Chang: sólo un 14% de la población entre 25 y 64 años tiene formación primaria, por un 59% que posee educación secundaria y un 26% con formación terciaria o universitaria. En España los porcentajes son del 48% respecto a la educación primaria; 22% en la secundaria y el 30% en la universitaria. En Estados Unidos, los porcentajes son del 11%, 47% y 41%. Para Suecia la proporción es del 14%, 52% y 33%.  En el caso de Grecia, el 39% posee sólo educación primaria, el 38% secundaria y el 24% universitaria.

Ver los porcentajes educativos en el Informe OCDE 2011.

Ha-Joon Chang, autor de un enorme libro que ya hemos recomendado aquí, 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo (Debate, 2012), llega una conclusión polémica que debería generar un amplio debate, y que aquí no apoyamos a ciegas, sino que exponemos para ayudar a la toma de decisiones públicas: “Lo que diferencia de verdad a los países ricos de los pobres no es tanto lo formados que están los ciudadanos uno por uno, sino lo bien organizados que están en entidades colectivas de alta productividad, ya se trate de gigantes como Boeing o Volkswagen o de compañías más pequeñas pero de prestigio internacional, como las de Suiza e Italia”.

La idea es que la educación, claro que sí, es valiosa, pero su principal valor no es tanto el incremento de la productividad –y España la necesita como agua de mayo- como su contribución al desarrollo de todas las posibilidades de la persona, para vivir con plenitud y autonomía, siguiendo los postulados de Chang.

Los economistas hablan del término sorting, o clasificación, para explicar el aumento de la educación universitaria. La idea es también objeto de debate, pero por ello lo explicamos aquí: A partir de un umbral de universitarios, no estudiar en las facultades imposibilita un trabajo decente. Chang dice que si va a la universidad el 50% de la población, el no hacerlo equivale a una declaración implícita de que se está en la mitad inferior de la distribución por capacidades, y desde esa posición será más complicado encontrar un trabajo.

¿Qué ocurre? Concluimos con una imagen gráfica que tomamos prestada de Chang. En los países donde se dan esos porcentajes tan altos de universitarios, teniendo en cuenta la cuestión del sorting, el sistema educativo superior de estados como Corea, Finlandia o Estados Unidos, se ha convertido “en una especie de teatro donde algunos deciden levantarse para ver mejor el escenario y obligan a los de detrás a hacer lo mismo. A partir de una cierta cantidad de personas en pie tiene que levantarse todo el mundo, y de resultas de ello nadie ve mejor el escenario que antes, pero todos están más incómodos”.

Reconocemos que es polémico.

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