El president Jordi Pujol como organizador. En la mesa Antonio Argandoña, catedrático d’Economia del IESE; Jordi Galí, director del Centre de Recerca en Economia Internacional (CREI) y Leo Wieland, corresponsal en Madrid del diario Frankfurter Allgemeine. Debaten –ocurrió en la tarde de ayer en Barcelona- sobre el modelo alemán y se preguntan si es una solución para Europa.

La conclusión de todos ellos es que debería serlo, porque las finanzas están saneadas, porque exportan productos de valor añadido, porque Alemania sigue creyendo en la industria, porque han llegado a acuerdos, a consensos, con los sindicatos, y antes que cerrar una fábrica, negocian rebajas salariales y menos horas de trabajo.

Wieland habla pausado, en un castellano fluido. Y remacha: los eurobonos que pide Francia, de hecho, ya los ha tenido la zona euro durante los últimos diez años. Tiene razón. Desde Grecia, hasta España o Alemania, todos disponían de una moneda potente. Tener el euro no era un final de trayecto, sino un inicio para, siendo consciente de la mayor o menor fortaleza de cada país, afrontar las reformas necesarias para ganar competitividad. Alemania lo hizo. Pactó salarios, después de ser considerado el enfermo de Europa en los años noventa. Hasta aquí, de acuerdo.

El president Pujol reclama que nos acerquemos al modelo alemán. Que el conjunto de las fuerzas políticas y los sindicatos lleguen a acuerdos de calado. También de acuerdo.

Pero si un país exporta, otro tiene que comprar. Si un país ahorra y busca dividendos con su capital excedentario, otro se endeuda y consume.

España se tambalea, entre la posible ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el fondo de rescate europeo. El ministro De Guindos habla de situación histórica para salvar o no el euro en las jornadas del Círculo de Economía de Sitges. Y, de fondo, se sigue sin plantear el debate estructural más importante.

Un debate que Pujol tampoco aborda, y que Wieland esconde. Lo ha explicado Raghuram Rajan en su libro Fault Lines. Rajan no es un economista belicoso, es más bien ortodoxo. Paul Krugman lo castiga con dureza en su último libro, y lo tacha de “liquidacionista” por varias razones que en otro momento comentaremos.

Rajan fue economista jefe del FMI entre 2003 y 2007. Y lo que dice es que hay un gran desequilibrio mundial que agrava la situación por culpa de los países netamente exportadores, como Alemania, Japón y, comienza a serlo con determinación, Corea del Sur. Como en otras ocasiones cedemos la palabra a los autores, que se explican muy bien. Sostiene Rajan:

“La economía global es frágil porque la escasa demanda nacional de los exportadores tradicionales presiona a otros países para que aumenten el gasto. Como los exportadores tienen un exceso de bienes que suministrar, países como España, Reino Unido y Estados Unidos –que ignoran el creciente endeudamiento de las familias e incluso lo fomentan activamente- y países como Grecia –que carece de la voluntad política para controlar el populismo gubernamental y las exigencias sindicales- suelen tener manga ancha. (…) Pero mientras los países grandes como Alemania y Japón tengan una inclinación estructural –realmente necesaria- a las exportaciones, el suministro mundial barre el mundo entero en busca de países con las políticas más endebles o, al menos, la mínima disciplina, tentándolos a gastar hasta que sencillamente no pueden soportarlo y sucumben a la crisis”.

¿Qué les parece? ¿No debería ahora Alemania aumentar su demanda interna un poquito? España espera en vilo una decisión.

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