El president Jordi Pujol lleva años reclamando que no se olvide la industria, dejando claro que los servicios son y serán importantes. Pero reclama mayor atención a la industria, porque mejora la balanza de pagos. Los productos industriales se exportan, los servicios, en cambio, cuestan más. Desde el inicio de la crisis, en todos los países del sur de Europa, la participación de la industria en el PIB ha bajado entre un 15% y un 25%, mientras que ha aumentado en Alemania.

El hecho es que se está produciendo una desindustrialización de Europa desde el sur, y las actividades rentables se han concentrado en el norte. Todo es producto del proceso de globalización. El sur pierde porque se deslocaliza hacia los países del este, y el norte gana porque le llegan pedidos desde Shanghai o desde cualquier empresa china que reclama maquinaria y coches alemanes. Esta es la realidad de los últimos años.

Ante esto, y ahora que España está inmersa en el escándalo de Bankia, es oportuno ver que dicen los inversores alemanes. Alguien como el economista Max Otte, que, como Keynes en su momento, también tiene un fondo de inversiones.

Resulta que Otte aconseja invertir en empresas industriales, que no ofrecen grandes intereses, pero que son sólidas. Otte renuncia a invertir en bancos, -también hay bancos sólidos en España, no lo olvidemos- y habla de las medianas empresas: Rational, líder mundial del mercado de cocinas industriales; Atoss Software o Nemetschek, que elaboran programas informáticos especiales; Douglas, la cadena de perfumerías; Delticom, que comercializa neumáticos; Hawesko, una empresa de vinos, o Frosta, que lidera el mercado de los alimentos congelados.

“Detrás de todas estas acciones hay familias o empresarios orientados al largo plazo y que le pueden deparar muchas alegrías durante mucho tiempo”, asegura Otte en el magnífico libro-entrevista de Thomas Helfrich, La crisis rompe las reglas (Ariel, 2011).

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