Los medios de comunicación compiten entre ellos, las posibilidades de los lectores, oyentes y televidentes son enormes, porque la oferta es muy grande. Pero faltan referencias. Ante un vasto panorama de información, ¿con qué nos quedamos?, ¿quién nos explica qué pasa y qué soluciones existen para que esta dura crisis no se prolongue más en el tiempo? ¿Hacemos caso al más alarmista?

El periodista Jaume Barberà se sumó la pasada semana a la cacofonía con dos entrevistas discutibles a Jonathan Tepper y a Edward Hugh,  y hoy mismo Manel Fuentes en Catalunya Ràdio ha hecho lo propio con Hugh. Los dos economistas alertaron sobre la situación de España –es delicada sí, lo sabemos y somos conscientes- y la prácticamente segura intervención por parte de la Unión Europea, con ayuda del Fondo Monetario Internacional. Barberà adujo que los dos son economistas que los medios anglosajones suelen citar en cualquier análisis sobre España. El argumento no debería convercernos más que cualquier otro. Los medios anglosajones son especialmente críticos con España –no pasa nada, lo que queremos es la verdad- pero también se equivocan y también han entrado en esa vorágine del catastrofismo que vivimos en los dos últimos años. Y no les gusta el euro, no nos olvidemos.

La cuestión del contacto con expertos es más complicada. Los periodistas decidimos llamar a un experto u otro en función de la facilidad y de la sencillez de sus explicaciones. Si es rápido en contestar la llamada, si con dos frases ya nos hacemos una idea del problema y la posible solución…La inmediatez del trabajo periodístico obliga a ello, aunque hay excepciones y muchas, afortunadamente. Pero los medios quieren titulares singulares cada día, así que, en ocasiones, hay que arriesgar!

En Catalunya hay economistas que tratan de explicar las cosas sin alarmismos, desde Josep Oliver, catedrático en la UAB; Gonzalo Bernardos, vicerrector de la UB; Antón Costas, catedrático también en la UB; Juan José Dolado, profesor en la Universidad Juan Carlos I de Madrid, Jordi Alberich, vinculado al Cercle d’Economia,  o José García Montalvo, profesor en la Universitat Pompeu Fabra. Hay muchos más, expertos y analistas menos conocidos, investigadores en la Barcelona Graduate School of Economics o en las dos grandes escuelas de negocios, Esade e Iese.

Porque la pregunta que nos debemos hacer es ¿qué queremos que nos digan los economistas? ¿Deben pronosticar y decirnos que todo lo que se haga será inútil porque la magnitud de la tragedia es tan grande que ya estamos condenados, España y toda la zona euro? El problema de fondo es que los economistas y los expertos deben explicar cómo funcionan las cosas y ofrecer alternativas y planes concretos, pero no deben decidir. Es la esfera política la que debería tomar ya decisiones, porque la crisis económica que nos atenaza es una crisis política, de falta de perspectivas de futuro, de creer o no con todas las consecuencias en la Unión Europea, para dotarla de instrumentos que la puedan homologar a Estados Unidos. Y soluciones hay.

Los propios economistas tienen ahora otra responsabilidad. Dos premios Nobel, Joe Stiglitz y Paul Krugman  han querido contactar con la sociedad y escriben a menudo y se pronuncian con asiduidad. El economista belga Jacques Drèze, padre de buena parte de las políticas comunitarias en los últimos 25 años, considera que su profesión debería acercarse más a la sociedad con un tono más pedagógico que alarmista y envidia el caso de los dos autores norteamericanos citados. Deben decidir, en todo caso, si lo más correcto es seguir alarmando sobre un corralito o una intervención en España como han hecho Tepper y Hugh, o como lleva haciendo en los dos últimos años Niño Becerra.