No hay ironía en el título. Es una muy buena noticia. El consejo de ministros alemán ha decidido subirse el sueldo, la primera subida en 12 años. La canciller Angela Merkel ganará unos 950 euros más al mes y recibirá unos 18.100 euros mensuales. La medida supone equiparar a ministros y secretarios de estado, después de haber aprobado la subida salarial a los funcionarios. En concreto, en el caso de los miembros del gobierno, el alza supone un 5,7% más.

La medida puede ser un primer paso para que Alemania tome conciencia de que la supervivencia de la zona euro dependerá en gran medida de que haya una mayor inflación, y de que los alemanes comiencen a tirar del carro con determinación. Para España es vital.

Europa, siguiendo las reflexiones del ahora vilipendiado Paul Krugman –es cierto que hay que mesurar las palabras y no aventurarse a pronunciar el maldito corralito- no es un conglomerado. Es una colección de países, con presupuestos desiguales, con poca integración fiscal, con mercados laborales propios –muy lejos de la cacareada movilidad laboral interna- y sin monedas propias. Todo ello ha provocado la gran crisis de la zona euro.

España ha recibido en los últimos años un flujo de dinero enorme, que posibilitó la burbuja inmobiliaria y provocó un importante aumento de sueldos y precios en comparación con las economías centrales de la Unión Europea como Alemania. Por tanto, el problema de España es saber cómo se reajustan los costes y los precios, porque el consenso sobre qué hay que hacer ya se ha alcanzado.

¿Y bien? La fórmula no puede ser otra –los expertos como el mismo Krugman o aquí en Catalunya Xavier Sala-Martín (el pasado martes lo apuntó en el diario Ara)- que el aumento de la inflación en las economías centrales y en el conjunto de la zona euro. Si el Banco Central Europeo mantiene una política de dinero barato, y de forma paralela el gobierno alemán propone un verdadero estímulo fiscal, se podría alcanzar el pleno empleo en Alemania, provocando todo ello una inflación que podría alcanzar el 4%.

En España el paro seguiría siendo elevado, así que los salarios no subirían mucho, en caso de que suban. Pero sí lo harían los salarios de los alemanes –la canciller ya tendrá ahora un sueldo más alto, como hemos apuntado. De esta manera los costes españoles se mantendrían al mismo nivel, y los alemanes subirían, justo lo que necesitamos para ganar competitividad.

Pero, ¿todo esto es posible? Puede que sí.

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